lunes, 7 de marzo de 2016

La lectura en tiempos modernos

La reflexión sobre el papel de la lectura en el proceso de enseñanza y de aprendizaje de los educandos en el siglo XXI no debe hacerse al margen de la sociedad en la que vivimos. Si siempre ha sido importante leer, hoy lo es aún más por el antídoto que supone la lectura ante tres acechanzas del mundo actual: el riesgo del dominio de la imagen, el riesgo del aislamiento y el riesgo de la superficialidad. (Parte de este texto se basa en la conferencia impartida en el seminario sobre lectura y bibliotecas escolares organizado por ANELE en noviembre de 2004)
La nueva sociedad de la información no ayuda a educar en el placer de la lectura. El predominio absoluto de la imagen y el interés por lo inmediato no favorece los requisitos básicos de la actividad lectora: texto escrito, comprensión del significado y de las relaciones, complejidad del texto, esfuerzo. El educando está acostumbrado desde pequeño a obtener la información con escasa atención y a través de formatos multimedia. La televisión es una fuente que transmite rápidamente mensajes continuos que se comprenden con facilidad y de forma inmediata. Además, la información tediosa puede abandonarse a través del mando a distancia. La lectura, por el contrario, pone en acción un conjunto de habilidades muy diferentes: hace falta tiempo, tranquilidad, interés y perseverancia para comprender un texto y disfrutarlo. La experiencia lectora satisfactoria contribuye poderosamente a desarrollar estas estrategias necesarias, lo que a su vez va a ayudar a la formación de una personalidad más independiente y reflexiva.
El segundo riesgo es el individualismo y el aislamiento. Vivimos en una sociedad exigente y competitiva, en la que se exaltan los valores individuales en detrimento de los sociales y colectivos. Además, las familias y los grupos sociales tienden a relacionarse en función de su estatus social y cultural y olvidan, evitan o marginan a aquellos otros que no comparten sus normas o sus reglas de distinción. La presencia de nuevas culturas debido al incremento constante de la inmigración puede abrir posibilidades de encuentro o separar más a unos de los otros.
La dinámica laboral poco ayuda a establecer relaciones entre la familia y la escuela o entre la escuela y otros sectores sociales. Las necesarias políticas educativas se reducen la mayor parte de las veces a políticas escolares, limitadas a la labor que los profesores pueden hacer con sus educandos en las horas lectivas. La separación, la falta de tiempo y el desencuentro son características normales de la vida social, especialmente en los núcleos urbanos.
Frente a estos problemas, la escuela y la apuesta por la lectura pueden convertirse en una opción valiosa para corregir esta situación. La escuela ha de ser lugar de encuentro entre educandos de orígenes sociales, familiares y culturales diversos; espacio compartido de socialización, en el que se conozca a los otros y se aprenda de ellos; institución necesaria para la construcción de valores de respeto, tolerancia y solidaridad. Pero lo que permite el logro de estos objetivos no es la institución escolar en sí misma, sino las prácticas educativas que en ella se generan. Y una de las prácticas educativas más enriquecedoras es la lectura. La lectura nos pone en contacto con otros sentimientos, otras experiencias y otras vidas. Nos ayuda a distanciarnos de nosotros mismos, a viajar por el tiempo y por el espacio, a conocer nuevas culturas y nuevas realidades, a ser, de alguna manera, más humanos. La escuela y la lectura ayudan a romper la coraza del individualismo y a penetrar en los otros. Es difícil encontrar una experiencia educativa más enriquece­dora que el tiempo dedicado a la lectura.
El tercer riesgo en la sociedad contemporánea, y desgraciadamente también en la enseñanza y en el aprendizaje escolar, es el de la superficialidad. A veces, cuando se consigue evitarlo, se cae en otro peligro: la reducción excesiva de los objetivos de la enseñanza a los estrictamente cognitivos.
La inmensa cantidad de información disponible nos hace resbalar sobre ella para conocer más en el menor tiempo posible. No es fácil mantener una actitud tranquila y reflexiva ante tanta información. Pero esta consecuencia directa de la sociedad de la información puede exten­derse también, desde otro tipo de razonamiento, a los modelos de enseñanza y a los objetivos del aprendizaje escolar.
De forma periódica, diferentes sectores sociales claman contra el escaso conocimiento de nuestros educandos. Al mismo tiempo, y ante cualquier crisis o conflicto, se oyen voces numerosas que exigen una mayor preocupación de la institución escolar hacia esas cuestiones: la violencia, la desigualdad, la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, los trastornos en la alimentación, son algunas de las más recientes. La consecuencia en muchas ocasiones de todas estas demandas es la ampliación desmesurada de los contenidos que los educandos han de aprender. El tiempo del aprendizaje escolar es el mismo, pero se incorporan nuevas materias y se extienden al mismo tiempo las ya tradicionales. Lo que se consigue, por el contrario, son programas imposibles de enseñar y de aprender, superficialidad en el tratamiento de los temas, desinterés y mayor desmotivación.
Existe la curiosa paradoja de que la mayoría de los responsables del currículo defienden en público la importancia del desarrollo de capacidades básicas en nuestros educandos y se olvidan de ellas, en detrimento de una ampliación constante de los contenidos, cuando han de diseñarlo. Sin embargo, la adecuación de los contenidos al desarrollo de las competencias básicas de los educandos y la opción por la comprensión y la profundidad frente a la superficialidad en el aprendizaje es una de las exigencias de un currículo pensado para conseguir una formación satisfactoria y equilibrada de todos los educandos. No es la única exigencia. Es necesario al mismo tiempo conectar con la forma de aprender de los educandos y despertar sus intereses. En este contexto es en el que se sitúa con derecho propio la lectura.
El énfasis principal de la enseñanza debería estar, por tanto, en la adquisición por todos los educandos de determinadas capacidades básicas y competencias específicas: lectura, búsqueda de información, trabajo en equipo, solución de problemas, alfabetización informática, comprensión del cambio social, histórico y cultural, formación de un pensamiento científico y crítico, bienestar social y emocional, valores democráticos y solidarios, expresión y creatividad. De una manera más densa lo expuso el informe Delors (1996):
Para cumplir el conjunto de las misiones que le son propias, la educación debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales, que en el transcurso de la vida serán para cada persona, en cierto sentido, los pilares del conocimiento: aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores.
No es nada sencillo trabajar en esta dirección, sobre todo cuando existen educandos en el aula que no tienen ningún interés en aprender o cuando las condiciones de los profesores para la enseñanza son precarias. Sin embargo, y a pesar de esas dificultades sobre las que también debe intervenirse, es preciso defender que la actividad docente debe orientarse a despertar el interés de los educandos por aprender más y a cuidar de su desarrollo afectivo, social y moral. Para ello, es necesario que los educandos encuentren sentido a sus aprendizajes y comprueben en su propia experiencia que el conocimiento progresa con el esfuerzo y la dedicación pero también con la curiosidad, la ilusión y el descubrimiento. En consecuencia, hay que cambiar o al menos adaptar no sólo los objetivos básicos de la enseñanza sino también los métodos pedagógicos. Hace falta diseñar una enseñanza atractiva, conectada con la vida, planificada con rigor pero al mismo tiempo abierta a la participación de los educandos (Marchesi, 2004).
Existen sin duda muchas iniciativas para conseguir este tipo de enseñanza: la realización de proyectos por los educandos, la conexión de lo aprendido con sus experiencias habituales, la incorporación del ordenador y de Internet en las clases, las visitas guiadas, la colaboración entre los educandos o su relación con compañeros de otras escuelas, etc. Considero, sin embargo, que existe una estrategia capaz no sólo de contribuir al aprendizaje de los educandos y de conectarlos con los objetivos principales de la enseñanza, sino de facilitar la colaboración de los padres, la coordinación entre los profesores y la relación con el entorno social: el apoyo decidido a la lectura en la escuela.

Extracto de “La lectura como estrategia para el cambio educativo”, Álvaro Marchesi Ullastres

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sábado, 1 de agosto de 2015

Reseña argumental del Túnel de los Pájaros Muertos

Un niño de 13 años que no crece; una fiesta de cumpleaños en la casa abandonada de una envenenadora; un camionero muerto que conduce un camión fantasmagórico; un internado en un lugar costero al que el mar no se acerca; un rector que pierde un dedo y enloquece; un gemelo muerto y su hermano acosado por los compañeros para que permita que su cuerpo sea ocupado por el alma del ausente; pájaros mutantes y agresivos que viven en una sólida isla de cartas infantiles que sus destinatarios familiares han rechazado; un manicomio en Mar Serena donde no hay pabellones; un reformatorio que carece de nombre, y un parque de diversiones siniestro que asesina a todos los alumnos del internado que se atreven a deambular por él. Con todos estos elementos Marcelo Birmajer (Buenos Aires, 1966) compone un relato de terror construido sobre el tópico de la frontera. Las fronteras son límites reales o simbólicos que se constituyen como marcación de dos espacios o realidades opuestas, pero también como cruce: es esa línea que marca un acá y un allá, que está hecha para separar, pero también para cruzar en un tránsito que puede estar permitido o vedado, pero que hace a la frontera en sí. En El túnel de los pájaros muertos hay una frontera concreta y real: la calle de dos metros y medio de ancho y 3 a 5 kilómetros de largo que separa al Instituto Baldesarre del parque de diversiones de Garro. Los alumnos que cruzan el límite prohibido encuentran la muerte en el siniestro parque abandonado: Lucas Balden, Covagliato, Gerban y Peraza. Sin embargo, otro alumno atraviesa esa calle: Dentolini, el protagonista del relato, un extraño muchacho que parece detenido en un cumpleaños tenebroso que culminó en un gran incendio después del cual nada más se supo de él. Si Dentolini está vivo o muerto es una duda que flota en el texto sin que pueda resolverse, como en todo buen relato fantástico que se precie. Pero, otra serie de fronteras simbólicas siembran la novela: la infancia y la adultez, la razón y la locura, la realidad y la mentira, la muerte y la vida; y los personajes juegan a pasar de un lado a otro sin que podamos fijarlos en una posición. El narrador –externo y en tercera persona– disuelve sus certezas ofreciendo al lector varias opciones de resolución de los principales asuntos a través de “otros” que han narrado antes los sucesos, con lo que todo lo dicho se duplica o triplica para confundir al lector. En la novela también abundan otros tópicos de la literatura de terror: el tema del doble (los gemelos Baden y la dupla Dentolini/Macciole), la mutación siniestra de los pájaros, las condiciones climáticas adversas, la noche, los ambientes, las situaciones de riesgo, los muertos vivos… Y un final abierto que junta nuevamente a dos transgresores que no mueren porque, tal vez, lo están hace rato: uno detenido en el tiempo y el otro infectado por unos gusanos fosforescentes. 

Proyecto de lectura II 
Historias que dan miedo 
FICHA TÉCNICA Título: El túnel de los pájaros muertos Autor: Marcelo Birmajer Serie Roja 
ISBN 978-987-04-1608-1 112 páginas 1.ª edición: septiembre de 2010 Formato: 14 x 23 cm LEN1_REC.indd 10 10/11/12 4:03 
PM 11 © Santillana S.A. Prohibida su fotocopia. Ley 11.723 

Los gemelos Baden y la dupla Dentolini/Macciole conforman el tema del doble en el relato. En pequeños grupos explicar por qué. Volcar las conclusiones en una ronda. “Las cosas que más miedo dan son las más inofensivas”, dice Dentolini. Debatir si acuerdan o no. Expresar lo que a cada uno le resultó más terrorífico en la novela. ¿Por qué? Para la producción ¿Qué transforma el cumpleaños de Dentolini en un festejo inolvidable? Comentar cómo le parece a cada alumno que debería ser un cumpleaños que sus amigos no olviden. Revisar el capítulo sobre las noticias (cap. 5, secc. I) y escribir las crónicas de la costurera envenenadora del barrio de Once (págs. 6 a 8 de la novela). Escribir una biografía de la tía Nera. Con los hechos de la novela organizar un juego al estilo del de la oca, cuyo punto de partida sea el ingreso de Dentolini en el colegio Piane, y el de la llegada, la huida junto con Macciole. (Se pueden consultar las reglas en http://www. acanomas.com/Reglamentos-Juegos-de-Tablero/070/ Oca.htm). 

Elegir alguna de las tres versiones que se ofrecen en la pág. 20 de la novela y escribir un relato. Inventar una historia en la que se narren los efectos enloquecedores de la isla de las cartas sobre una agradable golondrina. ¿El nombre configura la identidad de una persona? ¿Por qué? Escribir un nombre que no sea el propio en un papel, echarlo en una bolsa y sacar otro al azar. Imaginar cómo sería un día de su vida con ese nombre. ¿Habrá regresado Fineo al Manicomio de Mar Serena? Escribir un relato que cuente lo que le sucedió al ex rector del Baldesarre. Ubicar la metamorfosis de los pájaros que se encuentra en las págs. 60 y 62 de la novela. Inventar otras y hacer una enciclopedia ilustrada de las aves del túnel. Para el artículo enciclopédico, revisar el cap. 2, secc. I. ¿Qué sucedería si las cigüeñas asesinas lograran salir del túnel? Escribir un breve relato de terror a partir de esa idea. Representar o grabar un noticiero televisivo del día en que se clausura y evacua el Instituto Baldesarre. Para la lectura Entre todos hacer en el pizarrón una lista de los sucesos principales del relato. En parejas escribir diez preguntas de opción múltiple sobre esos hechos e intercambiarlas. Realizar una lista de los lugares donde transcurre la acción. Revisar el cap. 5, secc. I, y reconocer si se trata de los lugares típicos de los relatos de terror. Fundamentar con frases de la novela. ¿Qué significado adicional se podría descubrir en los nombres de los sitios? ¿Qué características del parque lo transforman en un lugar siniestro? ¿Cómo muere o desaparece cada uno de los alumnos? Ubicar la descripción inicial del Instituto Baldesarre del cap. II e indicar qué aspectos lo transforman en un lugar terrorífico. Compararlo con el parque de diversiones. Definir qué tiene de típico y de atípico el manicomio de Mar Serena. Clasificar al narrador de la novela. Debatir si es el tipo más adecuado para esta clase de texto. Ubicar los fragmentos en los que el narrador cita otras fuentes de información. ¿Por qué este recurso sirve para crear la confusión propicia para el terror? Debatir qué límites reales aparecen en la novela y qué separan. ¿Cómo los traspasan los personajes? Releer la opinión de Dentolini sobre las fronteras (págs. 53/54). ¿Es así en la novela? Fundamentar con citas del texto. ¿Quiénes son los locos y los cuerdos en la novela? ¿Está claro este límite? ¿Quiénes pasan de un lado y de otro de esta frontera? ¿Qué personajes muertos parecen no estarlo? ¿Por qué Dentolini no crece? ¿Está vivo? Debatir y fundamentar con citas. Revisar el episodio del incendio, el del camionero, sus lastimaduras no infectadas, su asesinato del sombrillero, su enfrentamiento con la muerte en las págs. 99 y 100, y 94. ¿Quiénes son los rectores de la novela? ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian? ¿Cómo se comportan los adultos? ¿Y los niños? ¿Son las conductas esperables para unos y otros? ¿Por qué? ¿Hay una frontera clara entre estas dos etapas de la vida?

El Túnel de los Pajaros Muertos - M. Birmajer

El túnel de los pájaros muertos